La llamada “fatiga de gobierno” en la empresa familiar

Carlos Arbesu_Empresa Familiar

Las empresas familiares se vienen enfrentando a sus retos de gobierno, particularmente desde el nacimiento de esta disciplina, hace ya más de 30 años. Tanto familias como consultores y académicos saben del entusiasmo que en su momento generó la aparición de instrumentos de gobierno, como los protocolos familiares o reglamentos de gobierno familiar, y de la frecuencia con que tales instrumentos acabaron olvidados en un cajón y relegados a ser mero “papel mojado”.

Regular el gobierno de la empresa familiar a largo plazo, y trabajar en los órganos de gobierno protagonistas de la toma de decisiones, son cosas completamente diferentes. A las familias les suele gustar la primera etapa de acercamiento a los temas de empresa familiar, más lectivas y educativas, que finalizan en la elaboración de un documento o protocolo familiar que contiene reglas de gobierno acerca del futuro. También a los consultores y académicos les gusta esta etapa de trabajo por su mayor facilidad. Pero la realidad muestra como tanto a familias como a consultores y a académicos les cuesta mucho, pasar de esa primera etapa de consultoría y/o educación, a una etapa de ejecución y puesta en marcha de órganos de gobierno efectivos y toma de decisiones profesionalizadas. Dar charlas a familias sobre conceptos de empresa familiar o reflejarlos en un documento con algunas reglas sencillas, es asunto fácil. Participar en la toma de decisiones en el día a día del gobierno, no está al alcance de todos.

La mayoría de las familias han de enfrentarse primero a la profesionalización del gobierno de la empresa, reforzando el consejo de administración y las juntas de accionistas o consejos de dueños. La profesionalización de estas estructuras, principalmente a través de la incorporación de consejeros externos e independientes y de la restricción de consejeros familiares, es un reto prioritario de las empresas familiares que honestamente trabajan en asegurar su continuidad. La mayor profesionalización de los consejos de administración tiene como efecto la creación de los órganos de gobierno de la familia, consejos de familia y asociación familiar, como espacios que garantizan que aquéllos que no forman parte de los órganos de gobierno de la empresa reciban información y sean consultados de decisiones importantes.

Así, las familias que tienen un protocolo familiar suscrito –que cada vez son más- tienen formalmente constituidos los órganos de gobierno de la familia, asociación familiar y consejo de familia, si bien en la práctica los consejos de administración o consejos de dueños son los que absorben la mayor parte de la energía familiar. Dicho de otro modo, una mayoría de familias empresarias, pese a tener constituidos los consejos de familia y las asociaciones familiares, no encuentran ni el tiempo, ni los conocimientos, ni las ganas, para convertirlos en algo más que reuniones familiares informales que se producen cuando surge algún conflicto. Un gran número de familias que ponen en marcha estos órganos tras la suscripción del protocolo familiar, terminan desilusionándose y desgastándose al advertir la formalidad, periodicidad, dificultades de convocatoria y costes que conlleva poner en marcha un consejo de familia serio. De este modo, parece constatarse un divorcio efectivo entre lo que se espera de los órganos de gobierno de la familia, especialmente los consejos de familia, y lo que efectiva y realmente acaban siendo en la práctica.

Las familias advierten pronto el desgaste que implica mantener un órgano de gobierno que no es empresarial y cuya temática, si bien les es connatural, no les es del todo conocida. A la dificultad de acertar con las agendas, de lograr que los miembros de la familia se tomen en serio las reuniones –a veces robando tiempo a sus ocupaciones profesionales-, se une el obstáculo de invertir en asesores o facilitadores externos que coadyuven al éxito de la reunión, pues a la familia sola le es difícil mantener la discusión en un tono eminentemente positivo y constructivo. ¿Quién debe pagar esos costes? ¿La empresa o la familia? ¿No es en cierto modo injusto imputar a la empresa costes que se adscriben a la familia? En la práctica las empresas familiares que carecen de estructuras patrimoniales separadas de las empresas operativas, encuentran muy difícil imputar a las empresas los costes de los órganos de gobierno de la familia, y por lo tanto terminan abandonando todo intento de profesionalización. ¡Volvamos a hacer las cosas sencillas como antes! ¡La familia es la familia, no necesitamos más formalismos! Pero en gobierno, esa actitud es una trampa con consecuencias negativas.

Las causas de la “fatiga de gobierno” familiar así como lo obstáculos para implementar un gobierno de la familia sólido son los siguientes:
1. Las formalidades que conlleva su profesionalización: reuniones periódicas, agendas prefijadas, información etc.
2. El poder que algunos miembros de la familia piensan que pueden perder, si permiten que haya espacios o foros abiertos a la familia.
3. El coste o inversión que requiere mantener un órgano de gobierno formal: pagos de asesores, dietas de viaje, informes, etc.

Existe una indudable tensión entre la informalidad natural de las familias y la formalidad que requiere una reunión en la que se toman decisiones de gobierno. Casí todas las familias se encuentran cómodas celebrando reuniones informales, pero muy pocas aprenden a gestionar reuniones de gobierno familiar formales y profesionales. Los consejos de familia necesitan así para prosperar familias amplias en etapas generacionales avanzadas –a partir de la 3ª generación en adelante-, así como estructuras diversas de riqueza –empresas, patrimonio familiar, fundaciones-, lo cual genera contenidos y temas suficientes para la discusión y toma de decisiones, así como justificación para invertir en su profesionalización. Quizás consultores y académicos deban también reflexionar sobre la importancia de tener paciencia en la creación de órganos de gobierno familiares, y esperar a que las condiciones naturales se den, y así las familias no encuentren fatigoso su funcionamiento y lo abandonen, generando una mala experiencia y quizá algún conflicto familiar inoportuno.

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