Familia, amor matrimonial y Empresa Familiar

Empresa Familiar_Carlos Arbesu

¿Importa saber qué significa, qué sentido tiene, ser familia para comprender mejor las dinámicas de las empresas familiares? Y si la respuesta es afirmativa, ¿qué significa ser una familia? ¿Qué tipo de amor puede ser definido como familiar frente a otros que no lo son? En la literatura de empresa familiar, todos los autores coinciden en atribuir mucha importancia a la familia, pero es difícil encontrar alguna referencia en torno a su definición.

Saber qué significa ser familia y que tipo de amor es el familiar es relevante para el gobierno de la empresa familiar, pues nos ayuda por ejemplo a determinar quiénes pueden formar legítimamente parte de las reglas que acordamos para la continuidad. No es lo mismo ser miembro de la familia, que ser un amigo, o una pareja o un directivo de la empresa por mucho afecto que nos tenga. ¿Debemos admitir como miembros de la familia a las parejas –no casadas se entiende- de los miembros de la familia? Es el extendido caso de los denominados “significant others”… ¿Y cómo abordar las situaciones de parejas casadas –civilmente- del mismo sexo? ¿Son miembros de la familia? ¿Y qué decir de los separados y/o divorciados? Paradójicamente, pese a que ningún autor establece criterios para vislumbrar que signifique ser familia, todas las familias de uno u otro modo se confrontan con la necesidad de establecer criterios de pertenencia para participar en su gobierno.

Claramente, es una cuestión difícil, espinosa y controvertida, de la que tendemos a huir. Sin embargo, desde un punto de vista positivo, comprender que es el amor familiar y que signifique ser familia, nos ayudaría a superar también con el relativismo cultural. Por ejemplo, ¿qué consecuencias tiene la consideración familiar de las parejas e hijos de matrimonios polígamos en determinadas culturas? ¿Y cómo abordar situaciones como la recientemente planteada en Brasil por la que tres mujeres se declaraban el primer pluri-matrimonio? ¿Y si estas formas de amor o afecto no son propiamente familiares, cuales podríamos definir con justicia como propias de una familia? ¿Y sobre todo en base a qué razones?

Si bien no hay razón para no considerar diferentes formas de afecto y su relación con el gobierno de la empresa familiar, si hay diferencias en cuanto que signifique ser propiamente –no por semejanza- familia. En la vida, nos encontramos con muchos ejemplos de que sea verdaderamente una familia, y otros ejemplos que tratan de asemejarse sin identificarse, o honestamente ni lo parecen. Las distintas formas de afectividad no familiar, presentan ciertos obstáculos que el gobierno de la familia ha de sortear para mantener su consistencia.

El vínculo profundo de la familia tiene su raíz en el amor que refleja el compromiso matrimonial natural. El matrimonio significa el compromiso de amor entre un hombre y una mujer, abierto a tener una familia es decir, a tener hijos. Esa apertura o compromiso deviene del amor incondicional al otro cónyuge, su entera persona con todas sus potencialidades –su fecundidad-, y por toda la vida. No es esta una definición romántica, como la propia experiencia demuestra, pues tal compromiso exige de los cónyuges un compromiso de su entera persona –por tanto inteligente, esforzado y necesitado de permanente dotación de sentido-. Naturalmente, todos deseamos ser amados, incondicionalmente –es decir como somos- y sin límites de tiempo.

¿Cómo ayuda esta consideración a la empresa familiar? ¿No es más un obstáculo que una ayuda? El amor matrimonial como fundante real de lo que la familia debe ser, y como proyecto compartido de futuro de los cónyuges, ayuda a entender muchos aspectos trascendentales de la empresa familiar, como los siguientes:

  • El amor incondicional entre los esposos es la fuente de confianza entre todos los miembros de la familia, especialmente los hijos. Esta confianza es transmitida naturalmente a toda la empresa.
  • Sentir la seguridad e incondicionalidad del amor de los padres, coadyuva al desarrollo de todas las capacidades de los hijos, especialmente las que tienen que ver con la creatividad y la innovación, sin complejos.
  • El emprendimiento encuentra en el amor familiar un ambiente propicio, y de modo especialmente intenso cuando los padres son o han sido emprendedores.
  • El amor incondicional por los miembros de la familia es de suyo generador de proyectos de futuro. En el plano empresarial, ello coadyuva a desarrollar visiones de futuro empresariales armónicas con las aspiraciones de los miembros de la familia.
  • Los valores vividos propios del amor matrimonial aportan un fundamento sólido para honrar a nuestros antepasados, y actuar con un sentido de legado y responsabilidad respecto al proyecto empresarial.
  • La aceptación incondicional de los miembros de la familia así como el amor por todos y cada uno de ellos, nos impele a desplegar una proactiva actividad de educación en gobierno de empresa familiar para así integrar las distintas libertades en el proyecto común.
  • A su vez, esta aceptación nos da criterio sólido para permitir distintas opciones de vida, incluso alejadas de la empresa familiar, y planificar modos de hacerla compatible con los distintos intereses económicos en juego. Ninguna familia sana hace de la empresa familiar una cárcel, pues advierte la mayor importancia de la libertad de sus miembros.

La familia vista según el modelo del amor matrimonial, nos ayuda además a adoptar una  nueva mirada sobre el mundo de la empresa familiar. Cuando nos acercamos a las empresas familiares desde esa perspectiva, advertimos que no hay “empresa familiar” en singular, sino “empresas y familias”, es decir, empresas familiares que se desarrollan y multiplican generando una pluralidad de empresas y familias (tantas como matrimonios dan lugar a un nuevo proyecto vital). Esta perspectiva viene a confrontar la errónea y trágica mentalidad por la que muchos académicos y consultores entienden que la empresa familiar –como una sola empresa, propiedad de una singular familia- está llamada a desaparecer, salvo contadas excepciones, con el paso del tiempo. Al contrario, lejos de ser así, la vitalidad de distintos matrimonios y familias genera múltiples proyectos que se identifican o distinguen y conviven con el proyecto troncal, generando riqueza que se renueva una y otra vez en el tiempo, aunque algunos o muchos de los proyectos lleguen a su fin. Esta visión plural y matrimonial de la riqueza económica puede ser de mucha ayuda para que académicos y consultores superen los límites conceptuales de la concepción pesimista acerca del futuro de la empresa familiar.

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