Aprender a elegir el futuro

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El gobierno de la empresa, como el de una nave en la navegación, tiene como fin alcanzar un destino previamente elegido: el puerto deseado. La vida empresarial exige un permanente ajuste y reflexión sobre el futuro que la empresa persigue.

¿Dónde queremos estar en los próximos años en términos de mercado, localización geográfica, productos, situación financiera, organización…? Una gran mayoría de empresas viven en el corto plazo, casi exclusivamente en el presente, y otra parte en el medio plazo si la visibilidad se lo permite. La regulación y control de las empresas cotizadas, por otro lado, les exige una atención al inversor que impide temporalmente el desarrollo de políticas a largo.

Las empresas familiares paradójicamente, viven entre dos mundos. Por un lado, la fuerte implicación personal de los miembros de la familia en las operaciones y gestión, hace que desarrollen una gran fortaleza para vivir “en presente” bien pegados al terreno. Es la ventaja presencial. Por otro lado, cuando llega el momento del relevo generacional, la familia se ve forzada a pensar en términos “de futuro”, significando aquí futuro nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos… esta es la ventaja generacional.

Cualquiera que sea el caso, las familias empresarias exitosas son ejemplares a la hora de reflexionar, concebir, elegir y realizar un futuro “a su medida”. Algunos consejos para aprender a elegir el futuro con éxito son:

  • Abrir procesos de reflexión participativa, en que se logre la implicación de los directivos de la empresa, del consejo de administración, de los accionistas, de asesores externos si es preciso y, desde luego, de la familia.
  • Concebir una idea vívida, expresiva, colorida, de qué futuro deseamos y cuál ha de ser el sentido de la marcha. Las visiones han de ser formuladas con brevedad, pero con mucha fuerza.
  • Encarnar las ideas de futuro en las personas más próximas a su realización. Persuadirnos como familia de la importancia de su consecución, adquirir certeza de que podemos lograrlo.
  • Alcanzar entre los miembros de la familia y sobre ese futuro, una comunión en el pensar y en el sentir.

Para aprender a concebir, elegir y realizar el futuro, las familias empresarias han de desarrollar sus propios órganos de gobierno, pues los comités de dirección, los consejos y las juntas de accionistas, no están suficientemente “cerca” de los miembros de la familia que habrán de implicarse y protagonizar ese futuro.

Además, debemos tener presentes dos aspectos de importancia distintiva. Primero que las familias no deben verse “encasilladas” por una sola empresa, pues a menudo tienen varias –cuyo futuro será distinto- o en cualquier caso tienen la capacidad de emprender nuevos negocios. La visión de futuro ha de ser por tanto más amplia. Segundo, además de empresas, muchas familias despliegan actividades patrimoniales y filantrópicas, cuya visión corresponde a la familia y ha de integrarla con el resto de actividades de negocio.

Por estas razones es siempre aconsejable desarrollar “reuniones familiares” o en familias más avanzadas “consejos de familia” representativos, que puedan servir como plataforma para el desarrollo de la visión de futuro.

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